Uno de los supuestos más persistentes en las ciencias cognitivas es la noción de que un organismo debe estar gobernado por un centro de control. El rechazo a la idea de un "comando compartido" obedece al temor a la imprevisibilidad, atributo que dificulta el ideal de racionalidad.
Los desarrollos tecnológicos muestran un escenario más complejo que el de un comando rector: la neuroquímica revela que las emociones responden a patrones de regulación con bases mensurables; la neurociencia computacional muestra cómo las redes neuronales operan bajo reglas colaborativas; la localización de un sistema interpretativo no racional en uno de los hemisferios cerebrales cuestiona la tesis de una sola conciencia. La rigurosidad epistemológica obliga a recalcular: las viejas metáforas de unidad son insuficientes. Si Jung o Freud hubieran dispuesto del conocimiento actual sobre neurotransmisores o si las tradiciones contemplativas hubieran tenido acceso a técnicas de neuroimagen, tal vez hubieran anticipado modelos próximos al que proponemos.
La tesis que vamos a defender es que el organismo humano (como organismo vivo) es un sistema tripartito compuesto por un SERbasal (módulo enactivo-relatador que asegura continuidad vital), un SERsocial (módulo enactivo-relatador que organiza sentido compartido y asegura pertenencia) y una interfaz física (IF) (módulo sensorimotor-tecnológico que media con el entorno material). Estos tres órganos no se subordinan a un centro único, sino que funcionan mediante dinámicas de negociación recursiva. El método de toma de decisiones no es la unidad, sino la resolución iterativa de tensiones.
La libertad, en este marco, no se define como desapego ni como hegemonía de un subsistema, sino como capacidad de facilitar acuerdos internos bajo condiciones de honestidad radical. En términos operativos: gestionar al propio "consejo interno" exige diseñar estrategias vitales que alineen las demandas de cada órgano.
Extensiones relevantes del modelo
- Generalización interespecífica: los demás seres vivos presentan arquitecturas homólogas, con diferencias de grado, aunque no reflexivamente reconocidas.
- Escala colectiva: los colectivos (familias, instituciones, especies) reproducen patrones de negociación basal, social y física análogos a los del individuo.
La filosofía subyacente: Definicionismo funcional
Sostenemos que el sistema de la vida funciona definiendo el entorno en los tres sentidos a los que alude el verbo en español: proyectando (definir una estrategia o un proyecto), explicando (definir nombrando, justificando, planteando tesis) y creando (como el escultor define una imagen en el mármol). Definir es "enactuar".
El modelo asume una organización, una fuerza y una orden de sentido primarias, no antropocéntricas, cuyo origen no explica:
- Voluntad: entendida como la inercia activa que impulsa a todo organismo. Es una fuerza aún sin dirección.
- Creencia: una estructura de anticipación que da sentido a la voluntad. La primaria, común a todo el sistema vital terrestre es la de preservarse. Voluntad más creencia es asimilable al conatus de Spinoza, con algunas especificidades.
- Organización: hasta ahora solo conocemos al sistema vital como organismos que resultan de organismos. Estos organismos pueden actuar sobre el medio en un proceso continuo de definirse, definir al entorno y dotar a nuevos organismos de infraestructura para continuar re-creando organismos.
Hasta donde se puede afirmar seriamente, la vida acontece siempre en un organismo concreto, una organización biosofthard enactiva y autopoiética en régimen, que no se presenta como originaria.
La continuidad de la vida no depende de la persistencia de un organismo individual, sino de que el sistema vital (muchos organismos), esté estructurado de tal modo que la muerte de algunos ejemplares no interrumpa la capacidad de enactuar el entorno, replicarse y redefinir el medio.
El envejecimiento muestra que la muerte individual es anticipada por el sistema basal como parte de su definición enactiva. No se trata de una anticipación narrada, sino de un saber operativo inscrito en la genética del organismo. Que el SERsocial no lo tematice no implica que no esté sabido: implica que es sabido de otro modo.